martes, 10 de julio de 2007
martes, 3 de julio de 2007
Mambrú se fué a la ONU
http://exteriores.libertaddigital.com/articulo.php/1276233574
LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA
Mambrú se fue a la ONU
Por Horacio Vázquez-Rial
No era a una misión humanitaria a donde se había ido Mambrú, sino a la guerra. Por eso no se sabía cuándo volvería, si para la Pascua o por la Trinidad. La guerra no es un asunto fácil, y no se puede estar en ella como si no existiera.
Usted, lector, recordará igual que recuerdo yo una escena repetida hasta el hartazgo en las películas "de guerra": un tanque avanza por una calle en ruinas, en cualquier ciudad, y de pronto alguien sale de un portal y arroja algo a su paso, una granada, una bomba de alguna clase, un explosivo improvisado si el tanque es alemán y el protagonista un miembro de la resistencia francesa; entonces, el agresor da uno o dos pasos atrás, en busca de refugio, el artefacto estalla y el tanque salta por los aires, o se queda parado, o arde. Hay una variante: el protagonista, especialmente valiente, salta sobre el tanque, levanta la escotilla y arroja el explosivo, o un simple cóctel molotov, dentro; baja la escotilla y damos por hecho que todos los que van dentro del vehículo mueren. ¿Era la guerra o un acto terrorista? ¿Había alguna diferencia entre el soldado en acción o el resistente antinazi, paisano armado? Evidentemente, no.
Pues bien: para Fatah al Islam, para Hezbolá, para la Yihad Islámica, para Al Qaeda, para cualquier otro grupo islámico, o de cualquier otro tipo, tampoco hay diferencia alguna. Forman en un ejército, no importa si regular, es decir respaldado por un Estado, o irregular o popular, como las guerrillas que combatían a las fuerzas de Bonaparte a principios del XIX. Y están enfrentados a otro, que para el caso libanés es una suma de militares nacionales y de la Finul, Fuerza de Interposición: por definición, los comedidos que van a intentar separar a los que se pelean; y ya se sabe, el comedido sale apaleado.
Para el caso libanés, no hay matices: si usted se pone en el medio, lo arrasaremos para llegar al enemigo. Será usted un muerto de guerra, sin más. Y sin menos, aunque el presidente de la sonrisa, cada vez más parecido, en su tensión y en su mirada, a la Pantera Rosa, insista en tratar el problema de los seis soldados muertos como un caso de terrorismo y les niegue la medalla militar que merecían. Allá él.
Salieron juntos, la Pantera Rosa y el primer ministro libanés, Fuad Siniora, y el español dijo que no pararía hasta esclarecer el asesinato. Tengo para mí que el libanés debía de sentir un cierto alipori: él sabe bien que eso es una majadería, porque a los soldados los han matado los militantes de Fuenteovejuna y porque él mismo no ha podido hacer gran cosa en el caso Hariri. Preventivamente, se podría ir procesando a Al Assad o a Ahmadineyad como inspiradores intelectuales y cooperadores necesarios. Pero eso iría en contra de la alianza de civilizaciones, ¡qué dilema! Pues Zapatero lo ha resuelto de inmediato: ha pedido a Siria y a Irán su colaboración en la investigación del atentado. El ridículo, si no mueve a risa, mueve a llanto.
Aceptemos de una vez que nuestros soldados están en una guerra, y que a veces tendrán que matar a alguien si no quieren que los maten, porque ése es el sentido de llevar un uniforme y unas armas. En realidad, están en varias guerras, todas a cargo de esa organización ineficaz, ese elefante burocrático, ese congreso de dictadores que se hacen cargo de comisiones de derechos humanos, que es la ONU. Según el presidente, están en misiones de paz.
Que la ONU no se toma en serio su papel en los países a los que envía soldados lo demuestra el caso de Afganistán, que hoy mismo ha vuelto a ser el principal productor mundial de opio, tras haber pasado de 30 toneladas en 2001 a 6.000 en 2006. Miles y miles de hectáreas de cultivo que nadie ve. (Somos allí el segundo ejército en número, y el cuarto del mundo en misiones de paz, sea eso lo que sea). Entre tanto, en Colombia, en el mismo período, los cultivos de coca se han reducido en un 52%. Por un lado, las maravillosas fuerzas de paz; por otro, el indeseable presidente Uribe, liberal y por lo tanto equivocado, además de malvado. La información es del diario El País del 27 de junio de 2007, que a su vez la toma del informe de la ONU sobre drogas del año 2007.
En Afganistán, los beneficios del opio van a parar a los talibán. ¿Para qué están allí nuestros soldados, y los de varias decenas de países? Porque se suponía que, entre otras cosas, debían mantener al menos el statu quo tras la caída del régimen talibán, evitando los avances del ultrarradicalismo islámico, y el hecho de que los mandamases de la adormidera hayan recuperado terreno hasta tener en sus manos el 90% de la producción mundial, evidentemente, representa un retroceso muy grave, un fracaso estrepitoso de la misión onusiana.
Por otra parte, así como en Afganistán han prosperado los talibán y, en consecuencia, Ben Laden, en el Líbano, desde la llegada de la Finul, han surgido un montón de siglas de viejo cuño y nueva etiqueta, financiadas por Siria e Irán, y ha empezado a actuar Al Qaeda. No se puede considerar un éxito.
Con ese displicente cinismo que caracteriza a algunos italianos, el consejero político (¿comisario?, puesto ahí o ratificado por Prodi) de las tropas de Italia en el Líbano, Giuseppe Cassini, ha dicho, el pasado 26 de junio:
El objetivo inicial de la Finul era lidiar con Israel y Hezbolá. Ahora han aparecido los yihadistas, pero en este momento no podemos cambiar la misión. Tenemos que aislar a los yihadistas y estrechar los lazos con Hezbolá y con Amal, los dos partidos chiíes que tienen en el sur el apoyo del 90% de la población. No se puede decir que Hezbolá vaya a proteger a la Finul, pero sí debe haber un flujo de información, que si detectan algo sospechoso, Hezbolá avise.
Las negritas, naturalmente, son mías. Como se ve, aquello es mucho peor que las reuniones del Gobierno con ETA. ¿Qué idea tiene el señor Cassini de lo sucedido entre Hezbolá e Israel? La misma que Moratinos. ¿Por qué la ONU, sus fuerzas delegadas en el campo de operaciones, tiene que estrechar lazos con Hezbolá? Y si se estrechan es porque existen: laxos, pero existen. ¿Cómo se puede esperar que Hezbolá avise de nada que vaya a hacer la Yihad? ¿A Churchill se le pasó por la cabeza alguna vez pedir a los croatas de Pavelic o a los eslovacos de Tizso que le avisaran, por favor, de lo que iba a hacer Hitler?
¿Por qué, pues, Afganistán y el Líbano, y no Irak? Porque la célebre alianza de civilizaciones es entre el sector Pantera Rosa de Occidente y el radicalismo islámico. Lejos de las intenciones de Felipe González en su visita oficiosa a Irán la idea de derrocar Gobiernos feroces. Por lo que se ve, en Afganistán, las fuerzas allí destacadas son un auténtico regalo para Ben Laden, que no necesita gobernar, sino producir para financiar su guerra. Protegemos ese proceso. Y en el Líbano estamos para prevenir cualquier movimiento de Israel y preservar la libertad de acción de Irán y Siria. En Irak no había por qué estar, el derrocamiento de Sadam Husein era una intromisión inadmisible en los asuntos internos de otro país, aunque otras cuarenta naciones hubiesen decidido hacerlo, por el riesgo que el dictador representaba para Occidente y por simple sentido común. Los riesgos que preocupan a nuestro presidente son los que pueda correr el islamismo radical en el poder.
Se me dirá que Siria no se puede contar en las filas de los Estados islámicos radicales, que la de Al Assad y el Baas es una tiranía laica, pero resulta que se ha dedicado a impulsar, facilitar dinero y dar alojamiento a los dirigentes de numerosos grupos islamistas, todos los cuales actúan hoy en el Líbano, con la única oposición del ejército libanés. Siria quiere el Líbano, tanto como desea la desaparición de Israel, y por eso Damasco se ha convertido en la Casa de la Troya, con pensionistas y mediopensionistas, de todos los fanáticos de Oriente Medio.
Todo esto está ligado, por supuesto, para nosotros, a la desastrosa política exterior del Gobierno de Zapatero. Que no es desastrosa porque sí, ni porque a la Pantera Rosa le caiga más simpático Chávez que Bush, sino porque toda nuestra carne diplomática ha sido puesta en el asador de la alianza de civilizaciones.
Sería un grave error pensar que a Chávez le protege Fidel Castro, que no está en condiciones ni siquiera de protegerse a sí mismo. A Chávez le protegen la OPEP, en la que pronto hará caer a Ecuador, la Conferencia Islámica, a la que pertenecen diez de los once países de la OPEP, incluida Nigeria (los otros nueve son, además, miembros de la Liga Árabe), y el presidente Ahmadineyad. No es la punta de lanza del comunismo en América Latina, sino la punta de lanza del islamismo radical. La Liga Árabe ha tendido también su acogedor manto sobre la dictadura cubana, que recibe petróleo a cambio de seguir estando allí.
Contra los Estados Unidos, todo; nada a su favor. Que es la forma apanterada de decir aquello que inventó Mussolini y actualizó Castro en su día: "Dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada". De ahí a la prudencia (o desconfianza) de Condoleezza Rice en su trato con España no hay más que un paso. El antiamericanismo del presidente sólo es superado por su empeño en no pronunciar jamás la palabra guerra. Ése es el eje de nuestra política exterior y de la famosa alianza con los de la "otredad", que dice Felipe González que hay que abolir o superar, no sé hasta dónde da su hegelianismo. Así, claro, no vamos a ninguna parte.
El atlantismo no es una posibilidad de la política europea, sino una necesidad imperiosa para la supervivencia de Europa. Permítaseme citar aquí la advertencia de Bruce Bawer en su magnífico Mientras Europa duerme:
(...) el enemigo de Europa no es el Islam, ni el islam radical siquiera. El enemigo de Europa es ella misma, su autodestructiva pasividad, su falta de mano dura frente a la tiranía, su perpetua inclinación al apaciguamiento y su absurda aversión por el orgullo, el valor y la determinación de Estados Unidos frente a un enemigo letal.
En algo sí que ocupamos el primer lugar: en esto.
Pinche aquí para acceder a la web de HORACIO VÁZQUEZ-RIAL.
LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA
Mambrú se fue a la ONU
Por Horacio Vázquez-Rial
No era a una misión humanitaria a donde se había ido Mambrú, sino a la guerra. Por eso no se sabía cuándo volvería, si para la Pascua o por la Trinidad. La guerra no es un asunto fácil, y no se puede estar en ella como si no existiera.
Usted, lector, recordará igual que recuerdo yo una escena repetida hasta el hartazgo en las películas "de guerra": un tanque avanza por una calle en ruinas, en cualquier ciudad, y de pronto alguien sale de un portal y arroja algo a su paso, una granada, una bomba de alguna clase, un explosivo improvisado si el tanque es alemán y el protagonista un miembro de la resistencia francesa; entonces, el agresor da uno o dos pasos atrás, en busca de refugio, el artefacto estalla y el tanque salta por los aires, o se queda parado, o arde. Hay una variante: el protagonista, especialmente valiente, salta sobre el tanque, levanta la escotilla y arroja el explosivo, o un simple cóctel molotov, dentro; baja la escotilla y damos por hecho que todos los que van dentro del vehículo mueren. ¿Era la guerra o un acto terrorista? ¿Había alguna diferencia entre el soldado en acción o el resistente antinazi, paisano armado? Evidentemente, no.
Pues bien: para Fatah al Islam, para Hezbolá, para la Yihad Islámica, para Al Qaeda, para cualquier otro grupo islámico, o de cualquier otro tipo, tampoco hay diferencia alguna. Forman en un ejército, no importa si regular, es decir respaldado por un Estado, o irregular o popular, como las guerrillas que combatían a las fuerzas de Bonaparte a principios del XIX. Y están enfrentados a otro, que para el caso libanés es una suma de militares nacionales y de la Finul, Fuerza de Interposición: por definición, los comedidos que van a intentar separar a los que se pelean; y ya se sabe, el comedido sale apaleado.
Para el caso libanés, no hay matices: si usted se pone en el medio, lo arrasaremos para llegar al enemigo. Será usted un muerto de guerra, sin más. Y sin menos, aunque el presidente de la sonrisa, cada vez más parecido, en su tensión y en su mirada, a la Pantera Rosa, insista en tratar el problema de los seis soldados muertos como un caso de terrorismo y les niegue la medalla militar que merecían. Allá él.
Salieron juntos, la Pantera Rosa y el primer ministro libanés, Fuad Siniora, y el español dijo que no pararía hasta esclarecer el asesinato. Tengo para mí que el libanés debía de sentir un cierto alipori: él sabe bien que eso es una majadería, porque a los soldados los han matado los militantes de Fuenteovejuna y porque él mismo no ha podido hacer gran cosa en el caso Hariri. Preventivamente, se podría ir procesando a Al Assad o a Ahmadineyad como inspiradores intelectuales y cooperadores necesarios. Pero eso iría en contra de la alianza de civilizaciones, ¡qué dilema! Pues Zapatero lo ha resuelto de inmediato: ha pedido a Siria y a Irán su colaboración en la investigación del atentado. El ridículo, si no mueve a risa, mueve a llanto.
Aceptemos de una vez que nuestros soldados están en una guerra, y que a veces tendrán que matar a alguien si no quieren que los maten, porque ése es el sentido de llevar un uniforme y unas armas. En realidad, están en varias guerras, todas a cargo de esa organización ineficaz, ese elefante burocrático, ese congreso de dictadores que se hacen cargo de comisiones de derechos humanos, que es la ONU. Según el presidente, están en misiones de paz.
Que la ONU no se toma en serio su papel en los países a los que envía soldados lo demuestra el caso de Afganistán, que hoy mismo ha vuelto a ser el principal productor mundial de opio, tras haber pasado de 30 toneladas en 2001 a 6.000 en 2006. Miles y miles de hectáreas de cultivo que nadie ve. (Somos allí el segundo ejército en número, y el cuarto del mundo en misiones de paz, sea eso lo que sea). Entre tanto, en Colombia, en el mismo período, los cultivos de coca se han reducido en un 52%. Por un lado, las maravillosas fuerzas de paz; por otro, el indeseable presidente Uribe, liberal y por lo tanto equivocado, además de malvado. La información es del diario El País del 27 de junio de 2007, que a su vez la toma del informe de la ONU sobre drogas del año 2007.
En Afganistán, los beneficios del opio van a parar a los talibán. ¿Para qué están allí nuestros soldados, y los de varias decenas de países? Porque se suponía que, entre otras cosas, debían mantener al menos el statu quo tras la caída del régimen talibán, evitando los avances del ultrarradicalismo islámico, y el hecho de que los mandamases de la adormidera hayan recuperado terreno hasta tener en sus manos el 90% de la producción mundial, evidentemente, representa un retroceso muy grave, un fracaso estrepitoso de la misión onusiana.
Por otra parte, así como en Afganistán han prosperado los talibán y, en consecuencia, Ben Laden, en el Líbano, desde la llegada de la Finul, han surgido un montón de siglas de viejo cuño y nueva etiqueta, financiadas por Siria e Irán, y ha empezado a actuar Al Qaeda. No se puede considerar un éxito.
Con ese displicente cinismo que caracteriza a algunos italianos, el consejero político (¿comisario?, puesto ahí o ratificado por Prodi) de las tropas de Italia en el Líbano, Giuseppe Cassini, ha dicho, el pasado 26 de junio:
El objetivo inicial de la Finul era lidiar con Israel y Hezbolá. Ahora han aparecido los yihadistas, pero en este momento no podemos cambiar la misión. Tenemos que aislar a los yihadistas y estrechar los lazos con Hezbolá y con Amal, los dos partidos chiíes que tienen en el sur el apoyo del 90% de la población. No se puede decir que Hezbolá vaya a proteger a la Finul, pero sí debe haber un flujo de información, que si detectan algo sospechoso, Hezbolá avise.
Las negritas, naturalmente, son mías. Como se ve, aquello es mucho peor que las reuniones del Gobierno con ETA. ¿Qué idea tiene el señor Cassini de lo sucedido entre Hezbolá e Israel? La misma que Moratinos. ¿Por qué la ONU, sus fuerzas delegadas en el campo de operaciones, tiene que estrechar lazos con Hezbolá? Y si se estrechan es porque existen: laxos, pero existen. ¿Cómo se puede esperar que Hezbolá avise de nada que vaya a hacer la Yihad? ¿A Churchill se le pasó por la cabeza alguna vez pedir a los croatas de Pavelic o a los eslovacos de Tizso que le avisaran, por favor, de lo que iba a hacer Hitler?
¿Por qué, pues, Afganistán y el Líbano, y no Irak? Porque la célebre alianza de civilizaciones es entre el sector Pantera Rosa de Occidente y el radicalismo islámico. Lejos de las intenciones de Felipe González en su visita oficiosa a Irán la idea de derrocar Gobiernos feroces. Por lo que se ve, en Afganistán, las fuerzas allí destacadas son un auténtico regalo para Ben Laden, que no necesita gobernar, sino producir para financiar su guerra. Protegemos ese proceso. Y en el Líbano estamos para prevenir cualquier movimiento de Israel y preservar la libertad de acción de Irán y Siria. En Irak no había por qué estar, el derrocamiento de Sadam Husein era una intromisión inadmisible en los asuntos internos de otro país, aunque otras cuarenta naciones hubiesen decidido hacerlo, por el riesgo que el dictador representaba para Occidente y por simple sentido común. Los riesgos que preocupan a nuestro presidente son los que pueda correr el islamismo radical en el poder.
Se me dirá que Siria no se puede contar en las filas de los Estados islámicos radicales, que la de Al Assad y el Baas es una tiranía laica, pero resulta que se ha dedicado a impulsar, facilitar dinero y dar alojamiento a los dirigentes de numerosos grupos islamistas, todos los cuales actúan hoy en el Líbano, con la única oposición del ejército libanés. Siria quiere el Líbano, tanto como desea la desaparición de Israel, y por eso Damasco se ha convertido en la Casa de la Troya, con pensionistas y mediopensionistas, de todos los fanáticos de Oriente Medio.
Todo esto está ligado, por supuesto, para nosotros, a la desastrosa política exterior del Gobierno de Zapatero. Que no es desastrosa porque sí, ni porque a la Pantera Rosa le caiga más simpático Chávez que Bush, sino porque toda nuestra carne diplomática ha sido puesta en el asador de la alianza de civilizaciones.
Sería un grave error pensar que a Chávez le protege Fidel Castro, que no está en condiciones ni siquiera de protegerse a sí mismo. A Chávez le protegen la OPEP, en la que pronto hará caer a Ecuador, la Conferencia Islámica, a la que pertenecen diez de los once países de la OPEP, incluida Nigeria (los otros nueve son, además, miembros de la Liga Árabe), y el presidente Ahmadineyad. No es la punta de lanza del comunismo en América Latina, sino la punta de lanza del islamismo radical. La Liga Árabe ha tendido también su acogedor manto sobre la dictadura cubana, que recibe petróleo a cambio de seguir estando allí.
Contra los Estados Unidos, todo; nada a su favor. Que es la forma apanterada de decir aquello que inventó Mussolini y actualizó Castro en su día: "Dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada". De ahí a la prudencia (o desconfianza) de Condoleezza Rice en su trato con España no hay más que un paso. El antiamericanismo del presidente sólo es superado por su empeño en no pronunciar jamás la palabra guerra. Ése es el eje de nuestra política exterior y de la famosa alianza con los de la "otredad", que dice Felipe González que hay que abolir o superar, no sé hasta dónde da su hegelianismo. Así, claro, no vamos a ninguna parte.
El atlantismo no es una posibilidad de la política europea, sino una necesidad imperiosa para la supervivencia de Europa. Permítaseme citar aquí la advertencia de Bruce Bawer en su magnífico Mientras Europa duerme:
(...) el enemigo de Europa no es el Islam, ni el islam radical siquiera. El enemigo de Europa es ella misma, su autodestructiva pasividad, su falta de mano dura frente a la tiranía, su perpetua inclinación al apaciguamiento y su absurda aversión por el orgullo, el valor y la determinación de Estados Unidos frente a un enemigo letal.
En algo sí que ocupamos el primer lugar: en esto.
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miércoles, 20 de junio de 2007
40 años después de la guerra relámpago

ORIENTE MEDIO
La Guerra de los Seis Días y la "ocupación"
Por Jeff Jacoby
Con motivo del 40º aniversario de la asombrosa victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días, nos ha caído encima un alud de revisionismo histórico saturado de filopalestinismo, reproches a Israel e indignación a cuenta de la "ocupación". Ésta, se nos dice, es la madre de todos los desastres que asuelan la zona hoy día.
Jeremy Bowen abría su retrospectiva para la BBC con estas palabras: "A Israel le bastaron seis días para aplastar a las fuerzas armadas de Egipto, Jordania y Siria". Y unos párrafos más adelante añadía: "La mañana del 5 de junio de 1967, en un ataque sorpresa, la Fuerza Aérea Israelí destruyó a la de Egipto". Nada decía de qué podrían haber hecho los árabes para que Israel se lanzara al ataque; bueno, sí: decía que habían proferido por radio "amenazas espeluzantes".
El caso es que los árabes habían concentrado una formidable fuerza militar en las fronteras de Israel, y que el mandatario egipcio, Gamal Abdel Naser, había expulsado del Sinaí a las fuerzas de pacificación de la ONU y cerrado ilegalmente los estrechos de Tirán, lo cual había privado a Israel de su principal vía de acceso al petróleo. Nada de esto aparece en el artículo de Bowen. Lo mismo es que no tenía espacio.
El amigo Bowen asegura que los generales israelíes, "tremendamente seguros de sí mismos", estaban impacientes por ir a la guerra porque sabían que no podían perderla. (Lo cierto es que tanto los militares como los políticos israelíes estaban muy angustiados; tanto, que el jefe del Estado Mayor, Isaac Rabin, sufrió una crisis nerviosa). "El mito de la guerra de 1967 –proclama Bowen– dice que el David israelí mató al Goliat árabe".
Por desgracia, el relato de este periodista de la BBC no es único. De acuerdo con la narrativa revisionista, lo más importante de 1967 no es que Israel sobreviviera a lo que sus enemigos habían concebido como una guerra de aniquilación, sino que, en el transcurso de la misma, ocupara tierras árabes, parte de las cuales aún conserva.
En las innumerables manifestaciones antiisraelíes que se han registrado estos días el lema estrella ha sido el de "Acabemos con la ocupación". En cuanto al secretario general de la ONU, ha emitido una declaración en la que se recuerda a las víctimas del conflicto en Oriente Medio, " particularmente a los palestinos que siguen viviendo bajo una ocupación que ya dura 40 años". Por lo que hace a la Iglesia Unida de Cristo, ha difundido un mensaje en el que se deplora la ocupación israelí –el término "ocupación", o cualquiera de sus parientes, aparece 15 veces– y no se hace una sola mención al terrorismo árabe, que lleva décadas cobrándose vidas israelíes.
Teniendo en cuenta la de veces que se dice que la "ocupación" es el principal obstáculo para la consecución de la paz entre árabes e israelíes, quizá hubiera sido de esperar que en las discusiones sobre la guerra que han tenido lugar en estos últimos días se hubiese destacado que en 1967, cuando los árabes mandaron sus ejércitos a cercar el Estado de Israel, no había ocupación alguna. Pero claro, eso habría significado reconocer que en la raíz de la ocupación se encuentran el odio y la violencia árabes. O sea, decir justo lo contrario de lo que se estila.
El reportaje que ha publicado Time con motivo del 40º aniversario de la Guerra de los Seis Días descansa por entero en la manera de ver las cosas de un palestino que ha vivido siempre bajo la ocupación, en la Margen Occidental. En ningún momento se nos dice que dicho territorio jamás habría sido ocupado si el rey Husein de Jordania hubiera accedido a las peticiones –públicas y privadas– de Israel para que se mantuviera al margen del conflicto. Pero Husein optó por hacer oídos sordos y bombardear Tel Aviv, Jerusalén y Netania. Radio Ammán anunció, en nombre del rey, que todos los israelíes debían ser "hechos pedazos". Fue entonces, y sólo entonces, que Israel, en defensa propia, penetró en la Margen Occidental.
Cuarenta años atrás, Time tenía bien claro con quién habían de estar las simpatías de la gente civilizada. En su número del 16 de junio del 67 ponía el foco en las belicosas amenazas de Naser e informaba de que las fuerzas árabes se estaban agrupando "amenazadoramente" alrededor de la patria judía. "Desde que, hace 19 años, fuera creado Israel, los árabes se han estado preparando para el día en que puedan destruirlo", explicaba a sus lectores; y una semana más tarde su portada llevaba por título lo que sigue: "Israel, la lucha por la supervivencia". Asimismo, ponía la alarma israelí en su contexto: 110 millones de "árabes hostiles" amenazando a los 2,7 millones de israelíes.
¿Qué más hacía Time por aquel entonces? Por ejemplo, reproducir lo que decían los propios árabes:
"Nuestro pueblo lleva esperando esta batalla 20 años", ruge El Cairo. "Israel va a recibir una lección mortal" (...) "¡Muerte a los judíos!", clama Bagdad. Y un mando sirio hizo este temerario vaticinio a los radioyentes: "Destruiremos Israel en cuatro días".
En 1967, los israelíes no dudaban de que El Cairo, Bagdad y Damasco pretendían hacer exactamente lo que decían. Time tampoco. Ahora el relato ha cambiado, pero los hechos, esa yunta de cabezones, no.
Si Israel hubiera perdido la Guerra de los Seis Días, hoy no habría ocupación. Eso es un hecho. Más que nada, porque Israel hubiera sido aniquilado. Y esto es otro hecho.
JEFF JACOBY, columnista del Boston Globe.
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Y además de esas lluvias....
miércoles, 21 de febrero de 2007
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